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Mucho
se ha escrito de las colectividades en Aragón, el lugar
donde
más ampliamente se experimentó este sistema de
producción y relación social, pero poco se ha
hablado
con los protagonistas, con las gentes que un día decidieron
ser libres y solidarios.
Sobre
ellos pesan losas de olvido, cuando no tópicos
–auténticos
arquetipos- de difamación: “mientras nosotros
combatíamos
en el Frente, ellos- la CNT- se comían en Caspe los jamones
que requisaban”. Esto te lo cuenta cualquier miliciano de
otro
bando que jamás ha estado en Caspe, ni vio otra cosa que
trincheras; pero los bulos hicieron de las suyas y aún hoy
se
alimentan estas fantasías. La realidad fue otra distinta,
basta con revisar los porcentajes de milicianos, según su
encuadramiento político. En el Frente de Huesca la fuerza
más
numerosa fue la CNT, más de la mitad de los efectivos,
seguida
de lejos por el POUM.
Escritores
como José Luis Ledesma, Alejandro Díez Torre y
mucho
antes que ellos Walther L. Bernecker, van aportando nuevas visiones
de la trascendencia que tuvo el Consejo de Aragón,
encabezado
por Joaquín Ascaso, para frenar los asesinatos absurdos e
indiscriminados en la zona republicana.
Martín
nos abre su casa de Angüés, villa donde
nació en
el seno de una familia de labriegos modestos. Persona afable, de
rostro siempre risueño, preocupado por la comodidad de
quienes
le frecuentan. Su mirada transparente anuncia un hombre bueno. Nos
cuenta cómo brotó la llama del anarquismo en el
pueblo,
gracias a las grandes figuras de la época, gentes de paz
cómo
él: Ramón Acín, Arnalda el zapatero y
otros de
acción como los míticos hermanos Mavilla Villa
del
cercano lugar de Sieso.
El ansia
de libertad fue colmando sueños a través del
pensamiento costista, de doctrinas teóricas enunciadas por
Bakunin, ejemplos de vida y modelos de enseñanza encarnados
en
Ferrer i Guardia, y también los ateneos culturales, con sus
libros, periódicos y las representaciones de teatrillos de
contenido social: “Abajo las armas”, “El
Sol de la Humanidad”,
“La ola gigante”… Dramas cuya
representación son ya
impensables e incomprensibles para la juventud actual,
desideologizada y desarmada culturalmente: carne de hipoteca.
En
Angüés, la Guerra se les llevó a 50
convecinos
fusilados y les trajo la revolución, la colectividad hecha
realidad hasta que los cañonazos cotidianos y siempre
lejanos
de Huesca, se oyeron cada vez más cercanos y tocó
recular primero y marchar a Francia después, todo esto con
16
años.
Encontrarse
cada día con la vida, conocer mala gente y pasar calamidades
hasta que otro ser humilde echa una mano para seguir luchando. Como
dijo la madre de “Las uvas de la ira”:
“el pueblo
siempre será el pueblo”. Preciosa novela
de Steinbeck.
Pasó el tiempo trabajando, ayudando y siendo ayudado hasta
que
la inminente derrota de Hitler hizo concebir esperanzas a los
refugiados españoles. El PCE impulsó una alianza
democrática que posibilitara la Reconquista de
España:
la Unión Nacional Española. Martín
echó
una mano en el Pirineo, lugar que ya iba conociendo bien por el lado
francés. Con otros tres compañeros formaron una
patrulla que guiaba a los “maquis” por el Puerto de
Urdiceto, uno
de los más versátiles si se le conoce bien ya que
senderos y trochas le comunican con barrancos y valles de una amplia
zona. Lo que permitía tener posibilidades a la hora de
adentrarse en suelo español. Una España harta de
muertos y necesitada de pan.
Más aventuras, fríos y lluvias como
aquél día
en que perdieron a dos compañeros: no nos
podíamos
tener de pie de tanta agua que nos había caído
encima,
arriba en el Pirineo estaba nevando sin parar, y el agua te
corría
por la canaleta del culo. Entonces dos jóvenes, vieron luz
en
una casa y quisieron ir a calentarse, era en un pueblo muy
pequeñico
al lado de Plan que se llama Badaín, la señora de
la
casa los acogió muy bien, según supe
después.
Nosotros vimos que faltaban y empezamos a preguntar y no, no, no
estaban. Bueno, entonces pasó la noche y ya nos enteramos
que
había habido tiros, los habían matao la guardia
civil....
Murió Franco, pintaron un bonito futuro y todo
volvió a
ser parecido. Hubo que seguir luchando, por la memoria de sus
paisanos, por la libertad del Mundo, y en eso sigue Martín:
atesorando y escribiendo memorias que puedan servir para no repetir
la Historia que ya va siendo hora de mejorarla.
Raúl
Mateo y Manuel Benito
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