LAS ELECCIONES DE 1936 EN HUESCA

La vida altoaragonesa se había politizado extensamente durante la República. Casi todas las familias se habían significado por alguna de las variadas opciones que se presentaban a las elecciones. La propia Republica había ido evolucionando, desde la fase reformista de los primeros meses, con medidas que favorecían la disminución de las profundas diferencias entre las clases dominantes y los jornaleros del campo o de la ciudad, casi siempre hambreados y chuleados por los patrones. Luego vino la reacción de la derecha unida bajo las siglas de la CEDA ante el avance de las ideas revolucionarias. Los obreros vieron perdida toda esperanza de participación política, que más daba que el rey se llamara Alfonso o Niceto –Ponzán dixit, los jornales eran exiguos, los amos seguían llenando sus bolsillos con el sudor ajeno. Estalló la revolución en Asturias y diversos conatos por los pueblos y ciudades españolas, la represión fue brutal. La República era enemiga del Pueblo.

Comida

Durante la primera mitad del siglo XX se prodigaron las comidas electorales, donde los partidos de derechas daban de comer a las gentes hambreadas a cambio de su voto.


Pero los obreros, pequeños empresarios, burgueses y profesionales liberales quisieron darse la oportunidad de vencer a la oligarquía y a la Iglesia y, como había hecho la derecha, decidieron unirse para vencer. Lo lograron. Desde el primer momento de aquel mes de febrero de 1936 comenzó a dignificarse la vida en España. Ahora sí que había llegado la República de los Trabajadores que renunciaba a la guerra como instrumento de política nacional.


Las cosas vistas desde hoy parecen diferentes. Durante los setenta años que siguieron a aquél 1936, las instituciones han arrojado ingentes cantidades de olvido y confusión para consolidar, de facto, la estructura social. Sin embargo, en aquellos momentos aún se recordaba como en el siglo anterior los ricos viejos y nuevos se habían forjado en las Desamortizaciones y en los tribunales con papeles falsos y jueces comprados. La injusticia estaba presente cada día y todo el mundo sabía que nadie se hace rico trabajando. La riqueza viene del engaño, de la explotación y de la inmoralidad, por mucho que el control legislativo le dé visos de autenticidad hasta hacerla hereditaria. Todo esto en tiempos de hambre y de inseguridad social, llevaba a los pobres a unas situaciones donde la vida era imposible y la muerte la única libertad que podían alcanzar.

La facción más combativa de la CNT mantuvo en jaque a las fuerzas policiales también durante el período republicano. El hallazgo de arsenales anarquistas era continuo.


Si trabajaban malcomían, en el paro malcomían de las ollas de los pobres, en la cárcel malcomían. Si enfermaban no tenían más medios que la respuesta de sus famélicos cuerpos. La escuela, que podía liberarlos como hombres y mejorar sus expectativas laborales, quedaba fuera de su alcance.


Los ricos católicos, valga la redundancia, quisieron paliar la desigualdad con la caridad. Una forma de clientelismo ruin que propala la degradación humana, la dependencia y la jerarquía entre el que da y el que recibe, aunque el que recibe es el único que da. La iglesia fomenta este tipo de situaciones pues le sirve para hacer proselitismo entre los desfavorecidos, al tiempo que descarga las conciencias procurando un lugar en ese Paraíso comunista que será el cielo y que por su duración empequeñece el sufrimiento de los pobres.

La Iglesia, salvo las honrosas excepciones de muchos curas rurales, mantuvo una actitud beligerante contra cualquier idea de progreso o de emancipación de las clases trabajadoras

Toda la injusticia social, las tierras usurpadas por los ricos, los títulos de propiedad detentados, estaba legalizada en los papeles. Escrituras, cartas de pago, contribuciones, préstamos con interés… Todo figuraba en los archivos, allí constaba la regularización del robo perpetrado y guardado en la memoria colectiva.


La misma revolución fascista sería instrumento para la consolidación de los viejos ricos y la aparición de otros más que, con nuevas triquiñuelas legales, irían apandando las propiedades de las familias burguesas represaliadas por su republicanismo manifiesto. Lo que se llamó ley de responsabilidades políticas.


En este estado de cosas se fraguó la reforma política del Frente Popular que tenía delante a la derecha cada vez más militarizada y por detrás, siempre empujando, las ideas revolucionarias que querían romper totalmente el estatus anterior del que se beneficiaban los amos.


En la Huesca prebélica estaban representadas todas las tendencias políticas existentes en el estado y en proporciones similares. Derecha e izquierda presentaban una gran inestabilidad que facilitaba su fragmentación en cuanto dejaban el poder. La derecha aglutinaba elementos reaccionarios de la Comunión Tradicionalista, el carlismo católico, las emergentes asociaciones agrarias (como la Acción Agraria Altoaragonesa), algunos gestores dedicados a sacar adelante proyectos empresariales o abogados que desempeñaban importantes cargos en la Administración. La Falange en esos momentos no era más que una célula de señoritos, oficinistas y algún exaltado con actitudes chulescas, que pretendían traer un nuevo orden revolucionario de cuño innovador pero de viejas actitudes militaristas y católicas.

Candidatos altoaragoneses. De izquierda a derecha: Vidal Tolosana de derechas, Rafael Ulled republicano de centro y Julián Borderas del PSOE.


El centro se había quedado bastante escuálido tras la ruptura del PRRS (Partido Republicano Radical Socialista), una especie de PRI mejicano surgido de las prisas del nuevo Régimen republicano bajo la batuta del taimado Lerroux. Los militantes más oportunistas conformaron el Partido Radical y muchos acabarían nutriendo la Falange tras el 18 de julio, los moderados formaron la Unión Republicana dirigida por Martínez Barrio, y los de ideas más avanzadas y humanistas conformaron Izquierda Republicana, liderada por Azaña.


Las organizaciones obreras con algunos empleados y profesionales liberales constituían la izquierda revolucionaria, la que pretendía subvertir el orden social para erradicar las diferencias de clases y acometer todo tipo de reformas que dignificaran la vida. El grupo más compacto y mejor organizado lo nutrían los anarquistas, bregados en las huelgas, las cárceles y las fallidas revoluciones. El PSOE tenía predicamento entre médicos y abogados comprometidos, extendiéndose a algunos empleados cualificados como los administrativos de banca a través de su versión sindical: la UGT. Los comunistas eran un grupo reducido animado por el ejemplo soviético.

Las armas formaban parte del ambiente tenso que en ciertos momentos se respiraba. Por un lado los periódicos las anunciaban y por otro daban las consecuencias, como se puede ver en este fotomontaje.

El sistema electoral español adolecía de un inmovilismo que venía de lejos y que todavía no ha sido superado. Las listas, triunfantes o derrotadas, las componían siempre los mismos. La entrada de nuevos aspirantes suponía un trauma cuando no una fractura con la consiguiente pérdida de votos. En la derecha oscense se produjo un cisma importante. Cirilo Martín-Retortillo era un abogado del Estado que había ejercido como presidente del tribunal contencioso administrativo, estamento de vital importancia donde se dirimían las diferencias entre los empresarios y los ayuntamientos. Estos querían aumentar la aportación de aquellos al erario a lo que se negaban, entonces fallaba el tribunal. Las eléctricas representadas por Vidal Tolosana, por ejemplo, tenían un buen aliado en esas esferas.


El abogado Vidal Tolosana maniobró a favor de su colega Retortillo que había conseguido el amparo de la Iglesia en unas jornadas católicas1 preelectorales. Ello supuso la exclusión de Manuel Banzo Echenique de una familia muy arraigada en Huesca. Banzo con el apoyo de parte de la derecha (Renovación Española) representada por destacados miembros como José María Lacasa y Francisco Francoy, decidió presentarse por separado bajo el mismo epígrafe de Derecha Antirrevolucionaria. Tras una intensa campaña consiguió casi 6.000 votos, los mismos que le hicieron falta a Vidal, Moncasi, Romero y Retortillo para vencer a las izquierdas.


Vidal Tolosana, Retortillo, Lacasa, Francoy… Todos acabarían formando en las filas de la insurrección y dirigiendo el golpe fascista y la inmediata represión.

Poner

La Falange, hasta julio de 1936, era una formación incipiente con escaso peso electoral, pero con actividades violentas que buscaban la tirantez política.

En las izquierdas las cosas marcharon mejor. La decisión anarquista de apoyar al Frente Popular dio visos al proyecto. Los socialistas consiguieron meter en la lista a Julián Borderas, mientras que Unión Republicana encabezaba con José Mallo Castán, a cambio Izquierda Republicana conseguía dos puestos para Casimiro Lana e Idelfonso Beltrán.


En el centro se quedó el fracasado proyecto lerrouxista del Partido Republicano-Radical liderado por el monegrino Rafael Ulled Altemir que apenas contaba con cierta implantación en Sariñena, obteniendo unos 3.500 votos.


La prensa jugaría un papel importante en la búsqueda del voto. Por un lado los conservadores La Tierra y Montearagón y en frente El Pueblo, auspiciado por un grupo de industriales y profesionales republicanos. El Diario de Huesca de gran trayectoria e implantación en la provincia, mantuvo una actitud ecléctica que le permitiría sobrevivir al golpe, para ser cerrado a finales de 1936.



HUESCA, 18 DE JULIO DE 1936.


Prolegómenos.

Uno siempre se preguntaba como se vivió aquél día en esta ciudad, qué hizo la gente, como se desarrollaron los acontecimientos. Gracias al archivo fotográfico de Pedro Moliner -donde pudimos identificar bastantes fotos, algunas entrevistas y un año de trabajo hemos conseguido recabar, ya, cerca de 5.000 imágenes, varias publicaciones, diarios, cartas y documentos inéditos –gracias también a Pedro González.


Es curioso que, por lo general, la lectura de los hechos premonitorios y bélicos de nuestra Guerra, explicados por uno y otro bando, no resulta antagónica sino complementaria, una vez obviada la pátina ideológica. En lo premonitorio hay que remontarse años atrás: tras la llegada de la República y la eclosión de alegría popular pensando que las cosas iban a cambiar, llegó más de lo mismo: control férreo del nuevo sistema por la derecha (terratenientes, banca y principales industriales españoles). Los obreros, explotados y asqueados de promesas incumplidas, y al grito de más vale morir de pie que vivir de rodillas lanzaron la revolución de Asturias en el 34. La C.N.T., por su parte, intentó implantar, mediante pronunciamientos populares y puntuales en cada pueblo y ciudad, el comunismo libertario. Sellándose todo intento con varios muertos y un rotundo fracaso.

Poner

El general Cabanellas en su época en las Guerras de África. Como jefe de la 5ª Región Militar con sede en Zaragoza, fue conspicuo conspirador y colaborador de Mola.

Los partidos de izquierda y las organizaciones sindicales deciden ponerse de acuerdo y utilizar la vía electoral para alcanzar el poder: forman el Frente Popular. Las elecciones son el domingo 16 de febrero de 1936, la participación obrera, el ambiente festivo que se vive en la calle deja entrever la victoria, que se confirma al día siguiente. Sin embargo, una parte del ejército compuesta por africanistas, falangistas, requetés y derechistas en general, no está dispuesta a admitir el triunfo rotundo de la Izquierda y salen a la calle con el fin de instaurar el Estado de Guerra.


Este episodio es muy poco conocido y nada valorado, de allí que aún se dé mucha importancia al hecho de que Cabanellas no estuviera con la República el 18 de julio. El barbado general ya dio pruebas irrefutables de con quien estaba, y estaría, aquél 18 de febrero.


En Huesca2 estos hechos se produjeron el día 17 a las 14,30 de la tarde. El capitán Adrados3 salió del cuartel de la Estación con una columna proclamando dicho Estado de Guerra, y dando aviso mediante escrito a todos los estamentos civiles incluida la prensa que quedaba censurada. Firmaba el general comandante militar Mariano Gamir4.


La columna tropezó en los Porches con varios oscenses que estaban celebrando el triunfo electoral y se produjeron momentos de mucha confusión con escenas de pánico, afortunadamente las cosas no llegaron a mayores. El pueblo plantó cara y los golpistas se retiraron. Dos horas después otra columna al mando de un teniente, fue por la ciudad declarando la vuelta al orden constitucional, seguida y jaleada por una gran cantidad de oscenses que se congregaron frente al Gobierno Civil para exigir explicaciones. La sede de esa institución estaba entonces en el caserón de Los Oña, actual oficina principal de Ibercaja.

Poneralgo

Los Porches, entonces de Vega Armijo, fueron punto de encuentro de la ciudadanía que se llegaba hasta allí llevando y trayendo noticias.

El gobernador civil, Fernández Carril, no tardó en salir a los balcones para pedir paz y orden a los manifestantes, al tiempo que les daba toda clase de garantías asegurando que el resultado de las urnas se cumpliría. La manifestación se disolvió sin mayor novedad.


Sobre el incidente y la predisposición golpista de la guarnición militar de Huesca no hay ninguna duda, tanto el Historial del cerco sufrido durante el glorioso alzamiento nacional por la dos veces Heroica, Leal e Invicta Ciudad de Huesca. Regimiento de Infantería Valladolid nº 20, Huesca, manuscrito inédito, como las memorias de Antonio Algarra Ráfegas, El asedio de Huesca, Talleres Editoriales El Noticiero, Zaragoza, 1941, no ofrecen dudas.


En el primer manuscrito se habla expresamente del hecho y reconoce que la actitud de la población al declarar el Estado de Guerra (el que duró escasamente una hora) el día 17 de febrero, era francamente amenazadora y hubiera acarreado consecuencias y manifestaciones desagradables al igual que en Zaragoza y otras poblaciones. Se queja de que la tropa que componía el Regimiento venía de las fábricas catalanas, por lo que era de suponer su adscripción política. Esta fuerte presencia de soldados venidos de Cataluña volverá a dar problemas el 18 de julio, como veremos.

Foto de la época donde se puede ver, frente al Olimpia, el austero edificio de los Oña, convertido en Gobierno Civil, hasta la construcción del actual.


El ambiente que se respiraba en el cuartel de Huesca iba desde lo reaccionario a lo republicano antirrevolucionario. Si el General Mariano Gámir, tildado de rojo al igual que el coronel Velasco por el sector fascista, se había avenido a proclamar el Estado de Guerra en la ciudad por el triunfo electoral de la izquierda, fue porque este no le gustó: ambos mandos, como afectos al Régimen entonces imperante, hacían ostentación de liberalismo, adhesión al Régimen y encontraban disculpa a todos los desmanes de las hordas izquierdistas, aunque ambos en el fondo las detestaban5.


El Gobierno, avisado de lo que se venía encima y con los informes que manejaba, intentó llevar a los mandos que consideraba más afines a las plazas importantes, mientras que a los africanistas y facciosos les procuraba destinos más remotos. Así llegaron a Huesca los golpistas De Benito, general, y García Conde, coronel, enviando a los sustituidos a Valencia.


Mientras De Benito entra en el círculo de conspiraciones y reuniones de Mola y Cabanellas, García Conde encuentra una salida para unir a los oficiales de su Regimiento, vigilados –con razón- estrechamente por los republicanos locales: la firma de un documento por el que se comprometen a defenderse con todos los medios contra quien sea6.

El cuartel de infantería, luego de artillería, cobijaba una oficialidad subversiva y dispuesta a dar un golpe de estado que militarizara el país.


Otro hecho que favoreció el corporativismo militar fue el arresto en la Sala de Banderas del capitán Nieves, que en la celebración zaragozana de la fiesta nacional -14 de abril, protagonizó un incidente contra algunos republicanos. Su presencia sirvió para que la oficialidad se solidarizara hasta el punto de negarse a asistir a un lunch que se ofrecía, en el cuartel, a unos pilotos que habían desarrollado exhibiciones en Huesca. El Regimiento celebró el último Día de la República, desfilando y sin dar muestras de mayor contrariedad.


Mola, el director del golpe, había conseguido el compromiso del Cuerpo de Carabineros. Sólo faltaba la Guardia Civil y la de Asalto que, como veremos, acabaron sumándose a la sublevación.

El general Mola, se convirtió en el Director, el cerebro que fue tejiendo un entramado golpista por toda España. Como Sanjurjo y Ramón Franco, auténticos estorbos para las aspiraciones definitivas de Franco, moriría en accidente de aviación.

Los falangistas no eran demasiado numerosos en Huesca aunque se mostraban muy activos en cuanto a acciones de sabotaje, creando un clima de inseguridad que hiciera más propicia la intervención militar. Intentaron boicotear el monumento a los mártires Republicanos que se preparaba en el Parque y produjeron destrozos en la tumba de Fermín Galán. Estos hechos produjeron la famosa alocución de José Antonio Primo de Rivera en la que decía que, aunque no coincidía con la ideología de Galán y García, sí con su idealismo y por tanto no eran dignos de llevar el uniforme de Falange quienes hubieran ejecutado la profanación. Frase demagógica pues no sólo no se produjo la expulsión sino que siguieron en sus puestos.


Los más conocidos eran detenidos con frecuencia y llevados a la cárcel: Ramón Sánchez Tovar, Cándido Ramón Piedrafita, el ex legionario Luis Maurí Molins –que había asesinado recientemente al secretario de Castillonroy, José María Navascués de Juan, Ángel Fontana Auresanz, Justo Ramón Abad, Ángel Romero Fernández, Pascual Ortas Alastrué, Jesús Rufas Ferrando, Adolfo Amella Florence, Leandro Estallo Pueyo, Cesáreo Pintado Blasco, Francisco González Parra, José Antonio Foncillas Franco…7 La mayoría eran empleados y estudiantes de talante violento, no detectándose en sus filas ningún obrero.

Expediente carcelario de un grupo de falangistas que habían participado en algaradas durante la conmemoración de la República ese año de 1936. Un mes después se ordena su puesta en libertad.


Durante la conmemoración del Día de la República también se celebraron reuniones clandestinas en los locales de la Juventud Femenina de Acción católica que fueron sancionadas gubernativamente8.


Por otra parte, la gente de orden, los de la derecha tradicional oscense que se habían presentado divididos en las elecciones: Cirilo Martín-Retortillo, Lorenzo Vidal Tolosana, José María Lacasa, Mateo Estaún Llanas… , se sumían en la desesperación ante los hechos que se consumaban en nuestra patria. Pues no sólo la masa obrera, sino señoritos desocupados, pequeños empleados, comerciantes y hombres de diversas profesiones liberales… que no veían inconveniente en hacer ostentación de sus ideas revolucionarias, incluso con su vestimenta, excursiones, cánticos9 El ambiente que se respiraba no hacía presagiar nada bueno.



La noche más larga


Las noticias que llegaban de Africa donde el Ejército se había sublevado, eran alarmantes. Los militantes de izquierdas, sobre todo los anarquistas que eran hombres acostumbrados a la movilización y a la acción, fueron compareciendo en la Ciudad. Procedentes de toda la provincia atestaban los Cosos en torno al Gobierno Civil, en busca de novedades o de armas, pues el Frente Popular tenía prevista la insurrección y para intentar neutralizarla contaba con los Carabineros y Guardia de Asalto, teóricamente afines a la República. Estos serían los encargados de distribuirlas entre los republicanos cuando el gobernador civil lo dispusiese.

El Ejército desfilará el 14 de abril por última vez ante la bandera republicana que habían jurado defender con la vida. Tres meses después volverían a pasar ante ese Gobierno Civil pero con otras intenciones.


Pero el gobernador, Agustín Carrascosa Carbonell, hombre de pocas convicciones, funcionario al que no legustaba nada la ciudad en la que apenas llevaba un mes –buscaba un destino mejor, se había dejado querer por unos y por otros. Mientras juraba y perjuraba que la guarnición de Huesca no se iba a sublevar pues tenía su palabra de honor, había permitido, tres días antes, el traslado de las armas previstas desde los polvorines de Fornillos al cuartel, sin informar a las demás autoridades civiles. La actitud de Carrascosa no era nada clara, sus manejos en Madrid en contra de los intereses del Frente Popular oscense, ya habían sido denunciados por el teniente de Asalto Joaquín Riera.


En la madrugada anterior izquierdistas de Jaca habían detectado la presencia, en esa ciudad, de los generales De Benito, Alvarez Arenas -jefe de Estado mayor de la 5ª Región Militar, el coronel Bernabeu de Jaca y un comandante de Estado Mayor. Al precisar de un taxi para trasladarse y, una vez en este, son llevados al Ayuntamiento jaqués con la excusa de que se necesita un permiso para abandonar la ciudad; allí quedan retenidos por el Alcalde –y delegado gubernativo- que se pone en contacto con Carrascosa. El gobernador ordena la liberación inmediata, facilitando así el desarrollo del golpe10.


El comerciante Carrascosa tenía en esos momentos 39 años, había nacido en Alicante -como su predecesor en Huesca Pomarol, casado con cinco hijos. Había llegado a Huesca desde Orense, relacionado con la organización liberal ORGA11, vivero de funcionarios de ocasión para la República de dudosa adhesión al Frente Popular12. Era el séptimo gobernador en menos de un año. La sede oscense no era apetitosa: lejos de Madrid, con una organización anarquista bien implantada que dominaba el Frente Popular, a un lado, y al otro el general De Benito a quien Carrascosa parecía obedecer hasta el punto de traer a Huesca al sargento de Asalto García Mediero, que apenas había cumplido cinco meses de destierro por los sucesos del 16 de febrero13. A los golpistas les interesaba tener un hombre en la Guardia de Asalto que hiciera sombra a Riera y tomara el mando en caso de que este desapareciera.

Oscenses y altoaragoneses van llegando al Gobierno Civil, en busca de noticias y armas durante todo el día 18.

A las cinco de la madrugada llega al gobierno civil el Teniente Coronel Díez Ticio, jeje de la guardia civil en Huesca, que reúne a los representantes del pueblo para pedirles la firma de un documento donde dejan a su disposición dicho gobierno tras la renuncia de Carrascosa. Idelfonso Beltrán, diputado de Izquierda Republicana, Lopez Amador del PSOE, Pedro Cajal del PCE y Ramón Acín y Francisco Ponzán de CNT, se niegan.


Un poco antes, Díez Ticio, había dado toda clase de garantías y adhesiones a los militares, a través de su hombre de confianza el capitán Bercial. Pero la situación no estaba clara pues la guardia civil trataba de cubrirse las espaldas por si el golpe fracasaba, de allí la argucia del documento. La premura de tiempo lleva a un grupo de oficiales del Regimiento Valladolid a entrevistarse con él, entre ellos está su hijo Rafael ya complotado al igual que su otro hijo Manuel Díez García, tenientes los dos; este último morirá el 1 de agosto en Siétamo. Mientras el jefe de la Guardia Civil renueva su adhesión a los insurgentes, el alcalde de Jaca, Julián Mur, que consigue interferir diversas comunicaciones, informa a Carrascosa de la hora en que saldrán los militares: las seis de la mañana.

La Guardia Civil de Huesca al completo, tiempo antes de que se adhiriera a la rebelión militar. (Archivo Pedro González)



La madrugada del 19.

Son las seis de la mañana del 19 de julio de 1936. Los guardias civiles vigilan ahora el Gobierno Civil, los representantes del pueblo que se han negado a firmar el documento presentado por Díez Ticio, se sienten prisioneros pero la llegada de Riera y los guardias de asalto, les permite volver a la calle. Sólo Carrascosa, prisionero de sí mismo, seguirá en el edificio hasta finales de julio cuando menos14. Le perdemos la pista entre esas fechas y el 22 de enero de 1937 donde aparece en la cárcel de Burgos en calidad de preventivo. El 29 de marzo es aislado en la celda por mala conducta al reunirse con otros presos, para criticar despectivamente el Movimiento Nacional. Dado que los delitos cometidos pertenecen al ámbito militar y en concreto a la 5ª Región, será trasladado a Zaragoza el 11 de abril. El 9 de julio comparece en el Consejo de Guerra que se le instruye en la Aljafería, allí es condenado a 30 años por adhesión a la rebelión militar. Era como una broma pesada: aquellos a los que había acabado adhiriéndose le condenaban por algo que había hecho justo contra la legalidad.

La Guardia Civil en las poblaciones con amplia presencia obrera y campesina se dedicó a hostigar las organizaciones sindicales. En Tormos hubo un guardia, Acín, de triste recuerdo para quienes lograron sobrevivirle.


No lo digerió, a pesar de ser el único goberandor que salvó el pellejo en Aragón. Así lo cuenta al confesor, y uno de los pocos curas que dieron muestras de humanidad con los rojos, el capuchino Gumersindo de Estella en la cárcel de Torrero. El buen cura cree que con su poder de persuasión ha conseguido convertir a Carrascosa, pero la táctica de misa y comunión fue seguida por muchos convictos que esperaban a cambio benevolencia15. El 7 de febrero consigue la reducción de la condena a 12 años y un día. En mayo sufre ortro aislamiento por alegar impedimentos físicos para tareas de limpieza. En junio vuelve a Burgos donde permaneció hasta su liberación entre 1939 y 194016.


La presencia de Joaquín Riera, teniente de Asalto, republicano convencido y ligado a los movimientos obreros, no estaba prevista por los sublevados que lo hacían de vacaciones y que habían puesto al sargento García Mediero para controlar a los guardias. En marzo de ese año, Riera, había conseguido con su intervención evitar el enfrentamiento entre la Guardia Civil de Alcolea y unos 5.000 manifestantes republicanos soliviantados por las constantes acciones antiobreras de la Benemérita. El gobernador Bosque, de acuerdo con Manuel Sender, alcalde de Huesca allí presente, mandó a Riera con sus guardias, estos hicieron que los civiles se fueran a Sariñena para acabar con la provocación.


Riera, que siempre había gozado de buenas informaciones, llegó en el momento más crítico. Pudo liberar a los representantes políticos y obreros, ayudar a buscar algunas escopetas con Paco Ponzán, sobre todo en Casa La Miraveta cerca del Mercado, y despedirse de su amigo anarquista con un fuerte apretón de manos y lágrimas en los ojos: ¡Váyase, Ponzán. Salve su vida. Si todos cuantos se han reunido esta noche aquí hubiesen tenido el coraje de seguirle, no viviríamos esta hora desgarradora! Lívido, desencajado, Paco apretó fuertemente su mano. Sí… en aquellos trágicos minutos, Riera fue uno de los suyos17.

La Guardia de Asalto fue creada por la República para neutralizar a la Guardia Civil, muchos de sus miembros le fueron fieles después del 18 de julio.

Pilar Ponzán cuenta que Riera habría de morir pronto. Gerardo Gállego, de una familia ayerbense republicana de raigambre, aún recuerda como su padre rememoraba estos hechos y al teniente de Asalto que marchó a Zaragoza a pedir ayuda, siendo abatido a tiros en las Canteras de Almudévar.


Sabemos que poco después de hacerse cargo del Gobierno Civil, el teniente coronel de la guardia civil Gervasio Sáenz de Quintanilla enviado desde Zaragoza, 16 Guardias de Asalto salen a tomar Almudévar donde son copados. El día 20 un pelotón con dos ametralladoras y un mortero al mando de un teniente salen a auxiliarlos. Llegados a las primeras casas, son rechazados por los paisanos y regresan a Huesca a las seis de las tarde con tres heridos: el teniente de Asalto Riera, por dos veces, el cabo Biela y el guardia Induraín18. El Diario de Huesca daba cuenta de la mejoría de todos ellos el 27 de julio.

Tumba de Fermín Galán

Tumba de Fermín Galán profanada por falangistas antes y después de la Guerra. Debe su decente estado a un alcalde de derechas: José Antonio Llanas.

¿Qué pasó con Riera? No parece lógico que acabara en las filas de la insurrección en las que estaba catalogado como persona nada afecta al Movimiento y peligrosa en extremo19. Nada sabemos.


Los anarquistas Acín y Ponzán eran maestro y discípulo, aunque ambos eran enseñantes, el primero de 48 años, pacifista, estaba curtido en batallas políticas, había conocido la cárcel y el exilio viviendo los momentos de la persecución política tras la represión de la Sublevación de Jaca. Era hombre admirado en la ciudad y fuera de ella, salvo en los corrillos de las gentes de orden, donde se criticaba a él y a su esposa por ser dados al nudismo y otras extravagancias. Moderado y dialogante buscaba siempre llegar a acuerdos.


Ponzán, 25 años, era hombre de acción, había participado en algunos sabotajes sin víctimas para amedrentar a los patronos que abusaban de los obreros. Durante el 18 había movilizado a las Juventudes Libertarias y a decenas de delegaciones que llegaban de los pueblos. Requisaron vehículos, escopetas de caza y levantaron barricadas en los Cosos y Porches para frenar a los militares. Todo ello en espera de unas armas que no llegarían.

AcínPonzán

Ramón Acín hombre de gran talla intelectual por la que fue considerado masón por el Régimen fascista.

Francisco Ponzán fue considerado un héroe por las naciones aliadas y democráticas que lucharon contra el fascismo en Europa.


Quizá la diferencia de talante en esos momentos entre uno y otro se exprese en estas frases. Acín, cuando a las 3 de la mañana subía las escaleras que llevaban al despacho de Carrascosa, de dos en dos, para advertirle que a partir de ese momento los anarquistas iban a llevar la iniciativa, lo retiene del brazo y le dice: ¡No seas loco, Ponzán, que nos pierdes…! Discutieron, pero Ponzán acató por el respeto y la admiración que le profesó hasta el fin de sus días20.


Paco Ponzán se dirigió a sus correligionarios al grito de Si no vamos a por ellos, ellos vendrán a por nosotros. Y así fue.


Acín, con su amigo y conmilitón Arnalda, el zapatero, marcharon a su casa donde tenía preparado un escondite. El buen profesor –como tantos otros oscenses- pensó que estos militares iban a ser como los de Berenguer. Los agentes se personaron en su casa y no lo encontraron. Algún vecino lo vio por la ventana y lo denunció. La policía, ya totalmente embrutecida y borracha de sangre, volvió. Comenzaron por golpear a su mujer, Conchita Monrás, para que saliera. Aguantó los golpes, pero estaban las niñas y aquellos cafres eran capaces de cualquier cosa. La noche del 5 de agosto se decidió a salir. Arnalda: disfrazado abandonó la casa, llegando a las líneas republicanas. Ramón fue paseado, ni siquiera llegó a pisar la cárcel en esta ocasión, según el registro civil murió en refriega el seis de agosto. La ambulancia 24, de triste recuerdo, lo recogió cinco días más tarde. Su mujer fue también a la cárcel, muriendo 17 días después que Ramón, en un horroroso linchamiento que algún día habrá que contar.

Vehículos requisados

Vehículos requisados por los sindicalistas oscenses. En la foto en poder de los sublevados. (Fototeca DPH)



Ponzán salió de Huesca con las precauciones a las que estaba acostumbrado, y se refugió en las estribaciones de la Sierra: Chibluco, San Julián, Belsué… Llegó hasta Angüés y se incorporó al Frente de Aragón donde formó parte del Consejo Regional de Defensa de Aragón ocupando el cargo de Consejero de Transportes y Comunicaciones. El exilio lo llevó a Francia donde formó una conocida Red de Evasión: Le Réseau Pat O’Leary. A través de ella logró salvar a cientos de personas de los nazis sobre todo aviadores aliados. Arrestado en 1943 en Toulouse, escribió sus memorias en la cárcel. En ellas concluía: Deseo que mis restos sean trasladados un día a tierra española y enterrados en Huesca, al lado del profesor Ramón Acín. Mientras los aliados entraban por un extremo de la ciudad, por el otro sacaban a Ponzán, en un grupo de 50, para llevarlos a un bosque y quemarlos21.


Ponzán recibió las máximas condecoraciones, a título póstumo, de Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos… En Huesca sigue siendo un desconocido.


Una hora más tarde de lo previsto, a las 7 de la mañana, la guarnición sublevada sale del cuartel, a dos columnas y en descubierta. La espera ha merecido la pena, la mayoría se han marchado al no tener con que defenderse. Otros se han refugiado en sus casas o en las de los amigos. Sólo un grupo mal pertrechado con escopetas de caza aguanta en el Coso de Galán, junto a Correos en espera de noticias.


El fotógrafo Oltra vive allí, pero sus ideas próximas a la Falange, no le permiten salir a la calle en esos momentos. Apoya la cámara en el alfeizar de la ventana, para que no le vean y para que la foto no salga movida, allí tienen el resultado un puñado de hombres reunidos y otros que van y vienen.

Foto Oltra 19 Julio

La foto de Oltra en la mañana del 19 de julio de 1936, antes de que los militares tomaran la ciudad. (Fototeca DPH)


Cuatrocientos soldados22, bien armados y con las debidas precauciones, avanzan por la calle Zaragoza hasta la plaza de igual nombre, allí se dividen en dos columnas, una sigue por los Porches, la otra por la Calle de La Libertad (Parque), rodean el centro neurálgico donde están el Gobierno Civil y Correos y Telégrafos, pasando por el Gobierno Militar (por donde está hoy la Librería Aguarón). Sólo un par de disparos contra los insurgentes. Gritos, jaleo, confusión y carreras hacia las calles altas por la Plaza del Mercado. En Huesca se había terminado la Libertad y la República que la posibilitó. Lo que vendría cuarenta años después ya no sería lo mismo.


Algunos activistas subieron a los tejados y mantuvieron un cierto estado de miedo con el paqueo, forma de disparo aprendida de los moros en las Guerras de Africa. Hoy a los pacos se les llama francotiradores. La palabra es una onopatopeya del sonido que hacen las balas solitarias al rasgar el aire: pacummm, de allí lo de paco y paqueo.

Caza de rojos

Ese mismo día comenzaron los registros por las casas españolas en busca de armas o de rojos escondidos

Se declara la huelga general en la ciudad que secundan las dos centrales CNT y UGT. Comienzan las detenciones. De los representantes del Frente Popular que negociaron con el gobernador Carrascosa, ya vimos lo que ocurrió con los anarquistas Acín y Ponzán. El diputado de Izquierda Republicana Idelfonso Beltrán logró escapar sobre las cinco de la mañana. El comunista Pedro Cajal, viajante de comercio de 31 años, que ya conocía la cárcel por vender el Mundo Obrero en 1934, volvería a ella el mismo 19 de julio. Saldría puesto en libertad el 15 de agosto. Hay que explicar que ese eufemismo de puesto en libertad23 significaba que eran puestos en la puerta de la cárcel para que un camión con falangistas o guardias se los llevara a las tapias del cementerio, hasta el 14 de agosto, y luego camino de Apiés24. Al parecer no se sentían con autoridad para ejecutar, con lo cual los militares rebeldes incurrieron en continuos linchamientos.

Muerte en las calles

La muerte empezó a sembrar las calles, estas escenas se repetirían durante muchos años.

El líder socialista Rafael López Amador, se escondió durante veinte días. Cuando las fuerzas republicanas llegaron a las puertas de Huesca, se decidió a escapar consiguiendo cruzar el frente25. La mayoría de los anarquistas abandonaron la ciudad, los que se quedaron serían buscados y eliminados. Los socialistas estaban poco acostumbrados a la lucha callejera y a las reclusiones, en aquellos momentos sólo el abogado, gestor de la Diputación y ex secretario del PSOE oscense Ángel Gavín Pradilla ya había estado en la cárcel a la que volvería en pocos días para ser asesinado, acusado posteriormente (1938) de masón. Los miembros de partidos no internacionales como Izquierda o Unión Republicana, al no poder ser tildados de rojos, en un principio, fueron acusados de pertenencia a la masonería. La masonería se convirtió, de repente, en una especie de secta satánica que practicaba horribles ritos con el objetivo de vender España a los rojos extranjeros. Una especie de nueva brujería que había que perseguir y aniquilar. Igual ocurrió con abogados o profesores (Acín) que militaran donde militaran eran sobre todo masones26.


De los detenidos en la jornada del 19, veinte serían asesinados en los días siguientes, la mayoría anarquistas. Hasta bien entrado el mes de agosto las tapias del cementerio servirían para dar el paseo y dar matarile. Uno de los coches que mejor sirvió para esta misión fue el magnífico Ford Torpedo requisado a Vicente Cajal Lasala, cuyo hermano Jorge fue acusado falsamente de masón.


Otros militantes de izquierdas corrieron a enrolarse en las legiones de la Falange para salvar sus vidas. Los huérfanos de los fusilamientos también serían los primeros en llevar la camisa azul, la única prenda que les podría salvar de un destino incierto. Comenzaban 20 meses de asedio en una ciudad cuyos habitantes quedaron militarizados: hombres, mujeres y niños. Llegaba la guerra, el terror y la muerte, pero esa es otra historia.



El 23 de agosto de 1936


El gobernador Carrascosa había entregado el mando civil al teniente coronel Díez Ticio, jefe de la Guardia Civil, salvando así su vida y condenando a cientos de altoaragoneses que quedaron atrapados en la ciudad. Una vez obtenido el poder legal, el general De Benito, máxima autoridad militar de la provincia, procedió a la destitución del alcalde oscense Mariano Carderera en un episodio bastante dramático cuyo desarrollo fue recogido por José Santamaría, hijo del entonces teniente de alcalde Mariano Santamaría, en unos papeles personales:


… se presentó en el Ayuntamiento un pelotón de soldados mandados por un capitán apellidado Vallés, el cual, después de preguntar dónde estaba el despacho del alcalde, entró en él y comunicó a éste último, don Mariano Carderera Riva, que desde ese momento cesaba en el cargo y le sustituiría el propio capitán Vallés. El alcalde Carderera, agobiado por la presencia de los militares, después de unas pocas palabras, salió de su despacho y bajó las escaleras hasta llegar al patio, aclaradas sus ideas, volvió sobre sus pasos, subió las escaleras y se introdujo en su despacho para decir al susodicho capitán que no podía ceder un poder recibido de los ciudadanos y, por lo tanto, era el único y verdadero alcalde. Siguió una breve discusión y el capitán Vallés hizo uso del teléfono para comunicarse con De Benito, después de lo cual comunicó a Carderera que quedaba detenido.


Fue conducido al Cuartel de La Estación en un proceso tan irregular que el expediente carcelario está escrito sobre un papel de estadillo en el que sólo figura su nombre y la fecha de ingreso: 20 de julio de 1936. Ese día la guardia civil reprime un conato de manifestación obrera en la Plaza Zaragoza, a tiro limpio. Unos cien soldados con antecedentes izquierdistas son encerrados en un pabellón del Cuartel.

Capitán Vallés

El capitán José María Vallés fue encargado por el general De Benito para deponer al alcalde Mariano Carderera y ocupar su lugar, hasta finales de ese año funesto de 1936.

El 21 de julio hace su aparición la aviación del gobierno que bombardea el Cuartel. Muere el cabo Juan Meca Hernández, que había participado en la Sublevación de Jaca, y el vaquero Mariano Durán en La Alameda. En el bombardeo se rompe el candado que sujeta la puerta de los 100 soldados presos que intentan huir sin conseguirlo.


El 23 y el 24 los aviones leales lanzan proclamas invitando a la rendición de la guarnición y pidiendo a la población civil que abandone la ciudad, pues a partir de ese momento se convierte en un objetivo militar de enorme importancia. Las autoridades no dejarán salir a nadie, todos son militarizados, acaso algunas familias ricas consiguen el salvoconducto para ir a Jaca o Zaragoza. Los niños ricos marcharán a Zaragoza cuando los bombardeos se intensifiquen. Los demás, muchos ya huérfanos por los asesinatos emprendidos por militares y falangistas, vagarán por las calles en busca de alguna actividad o entretenimiento. La consigna es no mover a nadie, los civiles pueden elegir entre engrosar la nomina de gloriosos defensores o ser simples escudos humanos cuyos cadáveres se exhibirán para escarnio de la barbarie roja.


Bombardeo cuartel

Bombardeo del sublevado Cuartel de la Estación por la aviación leal al Gobierno. La imagen se repetiría durante el asedio.


Ni siquiera los enfermos del manicomio, en primera línea de fuego, son evacuados. Serán los republicanos los que, una vez tomado, procederán a trasladarlos a un convento al sur de Lérida. Justo es reconocer que la ciudad aún tuvo suerte con los dos militares que fueron elevados a los máximos cargos civiles: Ignacio Pérez Calvo, presidente de la Diputación, y José María Vallés Foradada –defensor de Galán y García en el juicio sumarísimo que se les incoó por los sucesos de Jaca, ambos mostraron un talante humanitario con la población, dentro de lo que era posible en esas circunstancias.


Durante los días de julio y agosto menudean los bombardeos cobrándose alguna víctima. El ambiente en la ciudad todavía era mesurado, la población creía que España estaba revuelta, tras las muertes del teniente Castillo y del diputado Calvo Sotelo, y para normalizarlo los militares habían tomado el poder, deteniendo temporalmente a los sindicalistas y a algunos izquierdistas, algo que ya venía siendo frecuente. Las bombas se utilizaron para caldear el ambiente justificando paseos y asesinatos en el cementerio, por la colaboración de los interfectos con los aviones a los que hacían señales, marcando con cruces los tejados de los sitios a bombardear y aprovechando para paquear o disparar a las personas de orden.


En este ambiente represivo de mediana intensidad fueron detenidos Manuel Sender, ex alcalde, y el alcalde Carderera, ambos puestos en libertad poco después. Conforme avanzaba el mes de agosto, tras los primeros mártires falangistas en Siétamo el 30 de julio, en cuyo entierro apenas participaron los oscenses, la represión fue aumentando y las cárceles se fueron llenando, ambos ediles volvieron a ser encarcelados. Un plan de exterminio y represión brutal se estaba diseñando en la ciudad por parte de falangistas, militares y algunos curas que se iría escenificando a mediados de agosto, con el objetivo de que toda la ciudad fuera cómplice para mostrase leal y manejable ante el tremendo asedio bélico que se le avecinaba.


Entierro falangistas

El escaso compromiso de los oscenses con la causa fascista quedó patente en el entierro de tres falangistas muertos en Siétamo, celebrado el primero de agosto.


Durante los primeros días de agosto seguía el goteo de asesinatos en Huesca, caían sindicalistas, obreros de Almudévar, algún maestro como Alfredo Atarés… Pero el 11 se atrevieron ya con gente significada como Ramón Acín y el médico afiliado al PSOE Pablo Montañés, inspector provincial de Sanidad. Carderera y Sender vuelven a la cárcel, la detención y vicisitudes de éste nos la cuenta así el diario La Voz de Madrid -20-X-36:


Días después fue nuevamente detenido y se le mantuvo incomunicado. A su esposa Marcelle Haurat, de nacionalidad francesa, se la quiso obligar a que sonsacara a su esposo la dirección desde donde emitía una supuesta emisora clandestina. Como la señora de Sender manifestase que su esposo no sabía nada, se le amenazó con fusilarlos a los dos. Ante lo inútil de los interrogatorios se le anunció a la esposa la muerte de su marido (…) Luego se intentó detener a la señora de Sender que alegó su nacionalidad extranjera; pero no se la dejó marchar a su país hasta que llegó a Huesca su padre, el jefe de la aduana francesa de la Estación de Canfranc e hizo valer sus derechos para que dejasen en libertad a su hija.


El día 12 se procedió a la detención de Mariano Santamaría uno de los industriales más prósperos de Huesca, había sido presidente de la Cámara de comercio y era teniente de alcalde por Izquierda Republicana. Así cuenta su hijo, José, la detención:


Santamaría y Sender

Mariano Santamaría y Manuel Sender, teniente de alcalde y ex alcalde de Huesca, asesinados en el cementerio por miembros de Falange.


Hacia las seis de la tarde se presentaron en la tienda de tocinería de mi padre tres falangistas, los cuales le comunicaron que el gobernador quería hacerle unas preguntas. Mi padre contestó que en cuanto cerrara la tienda a las ocho de la tarde contestaría a cuanto se le preguntara. Los falangistas no mostraron ningún reparo y accedieron a ese aplazamiento, pero antes de salir le pidieron un kilo de jamón en lonchas, que pasarían a pagar mañana, pues no llevaban encima dinero. Los falangistas se fueron con el jamón despidiéndose en términos cordiales.


A las ocho de la tarde cerró la tienda y le dijo a mi madre que se iba al Gobierno Civil a hacer las declaraciones y que volvería pronto. Ya no le vimos más. No sabemos que pasó. Un vecino de la calle Cabestany que era amigo de mi padre lo vio salir a las once de la noche de la Comandancia Militar, situada entonces en la calle Zaragoza nº 11, con otras tres o cuatro personas que se disponían a subir a un coche. Aún oyó decir a mi padre “¡Vamos, cuanto antes mejor!


A Mariano Carderera, Manuel Sender y Mariano Santamaría se los llevaron al Cuartel de la Estación para ser fusilados en la madrugada del día 13. En aquel momento se fusilaba por parejas, los llevaban maniatados con alambres o cuerdas de dos en dos por lo que tuvieron que coger a un cuarto reo: Miguel Sauras Serveto, cenetista de Benasque que trabajaba en Cerler de barrenero. Dada su filiación y la facilidad para obtener dinamita, sufrió prisión en 1931 y 1934. Había sido enviado por sus compañeros a la capital para que les informara de los acontecimientos del 18 de julio. Vino con una hija pequeña para que de paso viera la ciudad, pues no había estado nunca.


Una vez fusilados en la madrugada del día 13 de agosto, Mariano Santamaría volvió a recuperar el sentido, malherido, sin saber donde ir, emprendió el camino de Huesca. La gente lo veía de lejos pero nadie se atrevía a acercarse. Unas chichorreras que estaban lavando tripas en la acequia de desagüe de la Fuente del Ibón, concretamente en la “caseta del Bigolero”, lo vieron llegar al puesto de Acción Ciudadana junto a la vía del tren, en la actual calle de Martínez de Velasco, allí lo detuvieron (…) a los pocos minutos llegó a ese puesto un coche que se lo llevó para ser fusilado nuevamente.


Lápida

Estado actual de la lápida que recuerda a los ediles y al sindicalista de CNT.


Depositados los cadáveres en el cementerio por la Ambulancia 24, los enterradores se dieron cuenta de que eran personas importantes y recordaron el lugar exacto donde estaban inhumados. En tiempos del alcalde Llanas se colocó una tumba a nombre de Mariano Carderera, aunque con la fecha de la muerte cambiada. José Santamaría acudía con frecuencia al lugar donde reposaban los restos de su padre; cuando murió Franco y llegaron al poder los socialistas intentó que se dignificara el lugar pero aún tendrían que pasar muchos años para que eso ocurriera. El 14 de abril de 2003, aniversario de la Segunda República, el Ayuntamiento de Huesca colocaba una lápida sobre la fosa.

Mensaje de Santamaría

El último mensaje de Santamaría a su mujer desde el Cuartel, le llegaría después de muerto. Estaún era concejal de derechas y Cabrero pariente de igual tendencia, en ambos confiaba en ese momento, para salvaguardar a su familia.


La cárcel provincial se había quedado pequeña desde el 20 de julio por lo que tuvieron que prepararse encarcelamientos en el Cuartel de la Estación, en el Instituto de Enseñanza Media (hoy Museo Provincial) y en los cuarteles de San Juan (prisión militar). Los presos salían a trabajar, primero a hacer fosas y osarios en el cementerio de Las Mártires que quedó habilitado para las inhumaciones y luego a excavar trincheras en la ribera del Isuela y actual Paseo de Ramón y Cajal.



En la prisión se amontonaban detenidos que deberían ser ejecutados sin dejar huella legal. Pero muchos de ellos eran ciudadanos respetables que habían asumido las más altas tareas del gobierno provincial y local, funcionarios y, sobre todo, seis mujeres, una al menos embarazada. Cómo matar a toda esa gente sin crear recelos en una población que estaba llamada a ser el pilar de una resistencia inagotable. Desde los púlpitos se va caldeando el ambiente aprovechando las bombas caídas sobre El Pilar, con actos de desagravio donde participan todos los estamentos: curas, militares, milicias... Las muertes siguen y el día 15 de agosto la saca va entreverada de anarquistas con el secretario del gobierno civil y el director del diario Pueblo, diez en total. Al día siguiente se llevan a Pedro Cajal, biesquense responsable del Partido Comunista y el 18 cae la primera mujer: Victoria Pardo, sigue el goteo hasta que el 23 se presenta la ocasión.


Es domingo y rugen los aparatos en el cielo, la población aún no está preparada para una larga guerra, no hay refugios y cada uno se mete donde puede. Los oscenses están en misa cuando descargan los aviones: dos muertos, una señora que cerraba el balcón y un maestro nacional enrolado en la Cruz Roja y de servicio en el Hospital. Las bombas estallan en el edificio sanitario, en un sitio señalado con la cruz roja, pero que está contiguo al seminario, acuartelamiento de falangistas, y frente al Cuartel de San Juan. Antes de veinte minutos la falange sale con su jefe a la cabeza, Acción Ciudadana desfila tras ellos, algunos curas alientan a las masas: ¡Represalias! Es la voz generalizada. Falange grita ¡Arriba España! Y los oscenses aún neófitos en lo que se les avecina, contestan con vivas.


La muchedumbre está soliviantada en una situación caótica, sin información de lo que ocurría, dominada por un miedo intenso: sobre la ciudad se ciernen las hordas catalanas, la barbarie roja, y por ella se extienden las denuncias, resurgen viejas rencillas, y el Ford Torpedo requisado a Vicente Cajal Lasala pasea a los rojos camino del cementerio. Menos un puñado de falangistas, algunos propietarios y funcionarios de ultraderecha y unos pocos monárquicos, no más de mil personas, el resto, hasta unos 15.000 o habían votado a las izquierdas, o presenciado un mitin de izquierdas o no iban a misa o tenían un familiar en la cárcel… La única solución era afiliarse a las milicias: Falange, Voluntarios de Santiago, Requetés, Acción Ciudadana. Los hijos de los fusilados, a parte de cargar con el sambenito de rojos eran llevados por sus madres a la Falange con la camisa azul para tener alguna garantía de vida.

Ford Torpedo

Este Ford Torpedo, requisado a Vicente Cajal, cuyo hermano Jorge estaba acusado de masón, sirvió para dar “paseos” por Huesca.


En medio del terror la gente se lanza a la calle y grita, grita de rabia contenida y sigue las consignas que los dirigentes marcan. El trayecto va hasta el Gobierno Militar, en la calle Zaragoza, donde radica el único poder y donde el coronel Soláns, natural de Albalate de Cinca, espera a la masa para enfervorizarla con un discurso aparentemente vacío, pero lleno de intenciones sanguinarias, como todos los alegatos fascistas.


Comenzó su discurso felicitando a los oscenses que por fin habían dado el paso de unirse a los españoles sublevados con los que ya vibraban al unísono. Dijo también que no sería remiso en la aplicación de la justicia a los causantes del desastre nacional, entendiendo por tales a los envenenadores del pueblo, pero que nada temieran los envenenados e inducidos, dando un viva fortísimo a los obreros honrados, al advertir en el desfile a muchos de ellos. Para terminar, el primer jefe sublevado en España, tuvo para las señoras de Huesca – veremos por qué- las más encendidas frases de elogio por su fortaleza y decisión al formar en una manifestación… Pasó a condenar las doctrinas de la Pasionaria que aconsejaba tener hijos pero no maridos, dando un viva a la mujer oscense, valiente y honrada, que fue clamorosa y unánimemente contestado por la inmensa muchedumbre estacionada ante los balcones de la Comandancia.


Soláns Labedán

Luis Soláns Labedán se sublevó en Melilla el 17 de julio de 1936, siendo el jefe militar que proclamó el golpe de Estado, los demás se irían sumando.


Más arriba, en la Prisión Provincial y en la habilitada del Instituto, unos vehículos estaban cargando 95 personas, envenenadores del pueblo. La dirección de la cárcel, por orden de la Comandancia, procedía a dejarlos en libertad para que un grupo de oscenses se los llevara maniatados en los camiones. Los manifestantes miraban atónitos a los que allí iban. Algunas damas de la buena sociedad increpaban con saña a las mujeres que iban camino de la muerte, desde sus balcones de casas modernas y señoriales.


Despedida

Al día siguiente seguían las manifestaciones aprovechando la conducción de los dos muertos hasta los Porches, donde tradicionalmente se despedía el duelo. Se puede ver como un grupo de conciudadanos saluda a los ataúdes sobre la camioneta a la romana, brazo en alto.


El macabro convoy marchó hacia la zona de Las Mártires, muchos recuerdan la mirada atónita de los manifestantes hacia los familiares camino de la muerte. El suegro de Gastón de Gotor se encontró con los ojos de éste sobre el camión, sin que ninguno entendiera nada. Algunos creen que la carnicería fue en el cementerio de la carretera Zaragoza, pero no parece que tal acontecimiento pudiera desarrollarse allí: Según cuenta el cura falangista de Vicién, Julio Gavín, en sus Más “Flores y Frutos”, el 23 de julio el cementerio era un sitio muy peligroso y en el entierro de una monja del Amparo, sólo un hombre se había atrevido a acompañar el ataúd hasta la tumba. El 14 de agosto los republicanos cortan la carretera requisando el coche de línea y el tanque de la gasolina que conduce Gregorio Valero. El 30 la Columna Ascaso instala sus defensas en el camposanto, quedando todo el asedio en primera línea de fuego.


Es muy difícil conseguir información sobre lo ocurrido, pero una persona valiente nos ha ofrecido un testimonio impagable: La matanza debió tener lugar en Las Mártires o en algún punto del norte de Huesca, en las afueras. Agustín Justes López -ya fallecido- se encontró con un grupo de hombres que volvían de la matanza. De entre ellos, llamó especialmente su atención uno. Un hombre alto y corpulento que vestía un “mono” de trabajo. La parte superior del “mono” estaba ostensiblemente manchada, muy manchada, de sangre. Agustín me dijo como se llamaba, lo he olvidado, pero sé que era una persona muy conocida, matarife del Matadero Municipal. Este hombre, muy excitado, se ufanaba a gritos de haber matado a varias personas “sin malgastar balas”, sólo con una especie de gran cuchillo que portaba, y utilizando las artes y técnicas propias de su oficio de matarife.

Documentos carcelarios

Fotografía de los documentos carcelarios guardados en los archivos de Zuera, donde se ve la orden de la Comandancia de puesta en libertad de presos que ese mismo día aparecieron muertos.


Obran en los archivos de la cárcel órdenes firmadas de la Comandancia Militar para que el director de la prisión vaya “poniendo en libertad” a las víctimas del 23 de agosto. Documentos que, unidos al registro civil, el hecho de que no pesara sobre ellos ningún cargo ni delito, no fueran juzgados por tribunal alguno –el juez de instrucción también fue asesinado, la actuación de la ambulancia 24 de Cruz Roja en se día, algún testimonio oral como el ofrecido y los datos de la prensa que hablan de la virilidad ultrajada, o sea “con dos cojones” que es como se hacen estas cosas, dan como resultado que 95 ó 96 personas fueron linchadas por auténticos carniceros, con la complicidad de los militares y la Iglesia local. Aquél día una losa de dolor y de olvido interesado cubrió la memoria oscense, nadie iba a recordar pues todos éramos cómplices. Pero ya no, ha llegado el momento en que los hechos deben trascender en una ciudad donde nos han vendido que nada ocurrió, que todos fueron buenos y que cuantos colaboraron y callaron deben presidir con sus nombres las calles donde vivimos.


Viejo Hospital

El patio del viejo Hospital, sito junto al cuartel falangista del Seminario y el militar de San Juan. En la bomba que cayó allí estuvo el pretexto para organizar la carnicería.


El Diario de Huesca calificó los sucesos en su día como el movimiento de indignación más viril y ejemplar que nuestra historia local haya conocido. Mujeres y hombres no paraban de pasar en dos horas o más, entre gritos de mueran los cobardes antipatriotas, ¡Viva España! y ¡Arriba España!


Dos años y medio después, cuando la Nueva España celebraba el aniversario de la liberación del cerco, el periódico recordaba con esta retórica los hechos: ¡23 de Agosto! Mañana de domingo, luminosa, cálida, patriarcal. Cantan los abejorros siniestros sobre los templos donde se ruega por la victoria. La metralla roja se ceba sobre el pueblo indefenso, en ciudad abierta y en gentes que salen de postrarse ante los altares pidiendo protección contra el enemigo. Huesca se indigna contra la traidora alevosía roja, contra la cobarde maldad de los desalmados marxistas, y se lanzan a la calle a dar fe de sus sentimientos y a condenar la vileza de los que creen haber hecho algo viniendo a quebrar las vidas de seres indefensos. Huesca vibra, no con vibración festiva de patriotismo verbenero, sino poniendo tensas las cuerdas de la virilidad ultrajada y clamando pronto se haya llegado a humillar la majeza de los chulapones tabernarios que vienen a imponer su imperio.


Cárcel provincial

La cárcel provincial, edificio a la izquierda, era un viejo convento carmelita readaptado para prisión, con dos alturas sobre un claustro o patio central, allí se hacinaban los presos en celdas esperando la llegada del camión.


Como nadie ni nada recuerda, ni parece que vaya a recordar nunca a las pobres víctimas de tan cruel linchamiento he querido traer hasta aquí sus nombres y los pocos datos que de ellos he encontrado. Si alguien quiere aportar algo más, fotos o testimonios, abajo tiene una dirección (manuelbenito@ono.com).


Hay unos cuantos asesinados de Almudévar que vinieron a Huesca a defender la legalidad del Gobierno republicano, como de ellos se va a hablar más extensamente en una publicación de unos buenos amigos, sólo quiero citarlos: Máximo Atarés Tolosana, José Azorín Ferriz, Macario Gil Alastruey, José Laliena Lasierra, Francisco Martínez Dena, Desiderio Maurel Puyol, Alberto Pueyo Peleato, Faustino Pueyo Peleato, José Sansan Viu, Pedro Sanz Ciprián, Pedro Sanz Peral, José Sarasa Juan, Inocencio Tolosana Alayeto, Severiano Alvárez Saavedra y Francisco (Severiano) Ciprés López. Nosotros seguiremos con los demás.


Citábamos quince ciudadanos de Almudévar asesinados ese luctuoso veintitrés de agosto, por ello vamos a comenzar la relación por el número 16 exponiendo todos los datos que concemos sobre cada persona asesinada:


16. Luis Aineto Bimbela Sacristán, miembro de CNT encarcelado en los sucesos de diciembre de 1933, en los que se intenta proclamar el comunismo libertario en Huesca y provincia. Durante las fiestas de San Lorenzo consiguió fugarse con otros diez compañeros, entre los que estaba el líder sindicalista Máximo Franco, de Alcalá de Gurrea como Luis. Su fusilamiento en este día es dudoso, pues aparece muerto en el Registro con esa fecha, sin embargo el listado de la ambulancia nº 24 dice recogerlo el día quince de ese mes y año.


Isleta de Tormos

En el pantano de Tormos yacen los restos de muchos obreros asesinados. En esa isleta hay una fosa común a donde los maestros, en la posguerra, llevaban a los niños para que aprendieran nociones de anatomía.

17. José Allué Martínez, natural de Coscullano de 36 años y casado. Era jornalero y vivía en la Calle de Quinto Sertorio, una calle muy cenetista pues fueron fusiladas cuatro personas, en igual día, domiciliadas en la misma calle. Sabemos que en el nº 4 vivían los hermanos anarquistas Bonet Oberé y en el 13 Facundo Chías, guardia municipal fusilado en diciembre.


18. José Arnal Mur de Angüés, con 26 años, miembro de la CNT detenido el 24 de julio, soltero y labrador. En Angüés fueron detenidas y asesinadas un gran número de personas tomadas como rehenes por la Guardia Civil del puesto.


19. Ramón Arriaga Arnal era de Huesca y trabaja en Tormos como contable. Tenía 35 años, estaba casado, era algo solitario y bastante culto. Consiguió esconderse unos días y luego intentó huir a Ayerbe donde lo cogió la Guardia Civil. Fue agraciado con 2.000 pesetas del sexto premio de la lotería de Navidad de 1932 y pertenecía a la CNT


20. Clemente Asún Bergés era un tipo bonachón, republicano de los de toda la vida que no dudó en enrolarse en Izquierda Republicana cuando se descompuso el PRRS del corrupto Lerroux. Fue concejal oscense y vivía en la Calle San Lorenzo, 35.


21. Antonio Bajén Blanch nació en Monzón y se vino a Huesca –Calle Argensolas, 9-1º- a trabajar de albañil. Estaba casado con un hijo y tenía 30 años en el momento de ser linchado.


Clemente Asún

Clemente Asún junto a la tumba de su hermano al proclamarse la República en España, compartiendo el momento con su memoria.

22 y 23. Rafaela y Victoria Barrabés Asún, hermanas de 21 y 20 años respectivamente, domiciliadas en la Calle Aínsa, 10, entresuelo izquierda. Pertenecían a una familia cenetista de la que conocemos a tres hermanos más: José implicado en los procesos revolucionarios de 1934, por los que fue detenido, y Faustino y Juan Manuel miembros de la Red creada por Ponzán en Francia. Ellas pertenecían a las Juventudes Libertarias e hicieron frente a los militares el 19 de julio.


24. Eduardo Batalla González, oscense de Izquierda Republicana, abogado empleado en la Diputación, casado y asesinado con 38 años. Cuando en 1971 sus descendientes inician los trámites para la herencia, el director de la cárcel ante el requerimiento de qué fue del infortunado Eduardo, contesta que según el expediente fue puesto en libertad. Vivía en Padre Huesca, 10-3º y le abrieron un informe, después de muerto, por pertenencia a la masonería.


25. María Sacramento Bernués Estallo, nació en Osia de donde vino a Huesca, domiciliada en la Calle Sobrarbe, 16. Casada con Julián Grimal, ambos miembros activos de la CNT que protagonizaron con unos pocos cenetistas más, un intento bien planificado de proclamación del comunismo libertario en Huesca el ocho de diciembre de 1933. En la banda tenían un infiltrado de la policía que les delató, siendo detenidos el 26 de noviembre de 1933, por tenencia de explosivos que iban a utilizar para intentar bloquear la ciudad.


Ingresa en la prisión con una niña de pecho, ambas deben ser trasladadas al hospital unos días. Condenada a dos años y seis meses, el 27 de marzo se expide orden para su traslado a la cárcel de mujeres de Madrid, desde donde se pide un certificado sobre su conducta que le permita el indulto. Desde Huesca se informa desfavorablemente ya que la reclusa había protagonizado continuos enfrentamientos con amonestaciones y signos de no mostrar arrepentimiento. Hasta un amotinamiento de presos llegó a organizar.


En la noche del ocho de agosto de 1936, un grupo armado se presentó en su casa preguntando por su marido, este que estaba preparado para evadirse saltó por el corral trasero a la Calle de la Campana consiguiendo alcanzar las líneas republicanas. Nunca pudieron imaginar que con tres hijos pequeños y estando embarazada se la llevarían a la cárcel. Sacramento de 43 años, instruida, de ojos y cabellos negros, piel morena, cejas pobladas, nariz recta y cara larga –según ficha policial- y embarazada, sería cargada en el camión para ser linchada.

Orden Ingreso

Orden de ingreso en la cárcel para Sacramento Bernués, allí el apellido se transforma en Puente. Era muy común entre los cenetistas cambiarse el apellido para confundir a las autoridades.

26. Lorenzo Bescós Santalucía. Este propietario oscense de 60 años vivía en la Calle San Salvador, 5-1º dcha. Militaba en Izquierda Republicana partido con el que fue concejal y gestor en la Diputación. Fue acusado de masón, al igual que su hermano Roque al que hallaron en Soria en 1938. El profesor Jesús Inglada le dedicó un precioso artículo en estas páginas.


27. José Blanch Pujadó. Había nacido en La Llaneça (Barcelona) y, con 30 años, estaba casado con hijos, residiendo en la Calle Mártires (Villahermosa) nº 4, donde regentaba el comercio La Reina de las Medias. El infortunado Pepito le escribió a su esposa una tarjeta desde la cárcel, donde le pedía pastillas de corifina para la garganta pues el ambiente de humo en las celdas hacinadas era irrespirable. No pudo enviárselas, al día siguiente lo montaban en un camión…


28. Adrián Boned Ulled de Huesca, comerciante de 38 años y soltero. Vivía en el Coso de García Hernández (Bajo), 25-1º. Militante de Izquierda Republicana –otras informaciones lo hacen del PSOE- y antiguo concejal.

Lápida valiente

Esta es la única lápida conocida que recuerda el hecho, gracias a una hija que tuvo el suficiente cariño y valor.

29. José María Borao Belenguer tenía apenas 21 años, era empleado de banca, socialista, militante en el Comité de Banca de UGT y en las Juventudes Socialistas. Había sido detenido el 19 de julio por oponer resistencia a los golpistas. La federación altoaragonesa del PSOE jamás ha tenido ningún reconocimiento para este y otros socialistas linchados por defender la legalidad.


30. Gabriel Buendía Barea, jornalero andaluz (Andújar) de 26 años que habitaba en la Calle Escalinata, 2. Había ingresado en la cárcel dos días antes, probablemente por estar afiliado a algún sindicato de izquierdas.


31. José Cajal Jalle, panadero natural de Larrés residente en Quinto Sertorio, 7, donde estaba el horno de pan. Debía de ser de CNT, sindicato muy implantado en el gremio. Fue detenido con Saturnino Villacampa que también vivía allí.


32. Alejandro Calvo Campo, natural y vecino de Huesca con domicilio en San Bernardo, 13; estaba casado, tenía tres hijos y era alumno de Ramón Acín, lo lincharon con 39 años.


33. Modesto Casasín Mavilla, un albañil de Angüés de 46 años, casado y pertenenciente a la CNT, sindicato muy implantado en esa zona gracias a los hermanos Mavilla Villa de Sieso.


34. Francisco Castán del Val, otro cenetista, este de Gurrea, que tenía un hermano preso. Vino a Huesca desde su pueblo para defender el Gobierno legítimo por lo que fue encarcelado el día 20 de julio.


Trincheras

Estas trincheras de zigzag en la orilla derecha del Isuela, frente a Las Mártires, fueron practicadas por los presos antes de su ejecución.


35. Mariano Catalina Mata, contaba con 27 años, era herrero de la Calle Quinto Sertorio. Detenido por enfrentarse al Golpe de Estado el 19 de julio.


36. Emilio Coiduras Ascaso. Nacido en Ayerbe y domiciliado en Huesca, Ronda de Montearagón, 4. Era vocal de la Agrupación Local del PSOE, presidente del Comité de Banca. Tenia 27 años cuando fue detenido por secundar la huelga general el 24 de julio.


37. Desiderio Conte Guiral, jornalero nacido en Liesa de 32 años.


38. Carlos Elías Hernández, pintor madrileño casado y domiciliado en Huesca: Coso de Galán (Alto), 71, 5º.


Ambulancia nº 24

La Ambulancia nº 24 de la Cruz Roja, se encargó en esos tristes días de registrar los nombres de los asesinados

39. Martín Escar Belenguer, conspicuo cenetista desde los dieciocho años. Implicado en los sucesos de 1933 con Cañizares y Mavilla Villa, siendo detenido y encarcelado por tenencia ilícita de armas que pretendieron usar en un frustrado asalto a la prisión y en un intento de incendio al Mercado. Según el registro de la Ambulancia nº 24 fue ejecutado el día 22 con Ruiz Galán y según el Civil lo fueron el 23. Este panadero oscense tenía 23 años.


40. Francisco Escario Allué (Alber). Aguacil de Lascasas aunque natural de Fañanás. Tenía 32 años y cuatro hijos.


41. José Espuis Buisán. Otro cenetista oscense de 28 años con oficio de carpintero.


42. Valeriano Estaún Ramón. Sólo sabemos que era maestro.


43. Eduardo Estrada Acedos, madrileño que trabajaba en Obras Públicas, domiciliado en la Avenida de la Libertad (Parque), 6-2º. Estaba casado y tenía dos hijos. 42 años.


44. Antonio Ferrer Escartín, vivía en la Plaza de la Catedral, 1-3º con su mujer y tres hijos y trabajaba en la zapatería La Verdad, actual pastelería Ortíz. 36 años.


45. Antonio Forcada Visús, de Loarre y con domicilio en la Calle Zarandia, 16. Empleado de banca, miembro del Comité ugetista de la banca y secretario de la Agrupación Local del PSOE de Huesca. Tenía 30 años y lo detuvieron el 19 de julio por intentar parar el Golpe.


46. Eugenia Funes Tornes, regentaba una frutería en la Calle Ramiro el Monje donde vivía, fue detenida y ejecutada por orden de un industrial falangista que vivía muy cerca. Esta mujer tenía un hijo y 34 años.


47. Jesús Gascón de Gotor. Zaragozano de origen y muy pronto integrado en la vida social oscense. Regentaba una farmacia y vivía en el Coso de García Hernández (Bajo), 43. Afiliado a Izquierda Republicana colaboró en la puesta en marcha del Diario Pueblo con otros industriales oscenses, todos ellos tildados de masones. Los militares le tenían ganas pues el 23 de julio es detenido por orden de la Comandancia, después de muerto le abrieron ficha de masón donde le acusan de ser de izquierdas antes de que llegara la República. Tenía 39 años.


48. Alonso Gaspar Soler, como el anterior afiliado a Izquierda Republicana y acusado de masón. Era comandante médico retirado.


49. Ángel Gavín Pradel. Natural de Alcubierre y domiciliado en el Coso Bajo, 80. De filiación socialista perteneció al Partido Radical Republicano Socialista y al desgajarse siguió militando en el PSOE. Era abogado especializado en problemas laborales, defendiendo a los obreros en los tribunales. En 1934 le encarcelaron por reunirse clandestinamente con Fermín López, presidente del PSOE oscense, José Pérez y Santiago Fraile, alfarero anarquista. Fue secretario de la Agrupación socialista, representante en la Diputación y compromisario de su partido. Acusado tras su muerte de masón. Estaba casado con un hijo y contaba 45 años.


50. José María Gracia Bretos era de Bentué de Rasal y domiciliado en Huesca donde ejercía el magisterio. Casado con dos hijos y 46 años.


51. José María Gracia Cabellud. Natural de Siétamo, apenas tenía 17 años. Sus hermanos Ángeles, Emilia y Benito fueron también detenidos. Una cortina de silencio nos impide acceder a más información.


Fosas Mártires

Fosas abiertas en la ampliación que se hizo en el cementerio de Las Mártires, prestas para ser utilizadas. ¿Se trajeron TODOS los restos humanos al municipal tras la guerra?

52. Gregorio Gracia Lanuza vino a Huesca desde Igriés, de donde era natural, para ejercer de carnicero. Tenía 55 años y estaba casado.


53. Cándido Iguacel Campo. Se bajó de su Jaca natal a trabajar de barbero a Tormos, sólo tenía 20 años y lo detuvieron el 20 de julio por oponerse a los militares con armas en las calles de Huesca.


54. Manuel Jal Viñola su cadáver fue recogido por la Ambulancia nº 24 el 23 de agosto. Figura en el Registro Civil con fecha del 29. Natural y vecino de Huesca, albañil de 36 años.


55. Carlos Jos Fontana, panadero en Ayerbe, tenía 29 años, mujer y dos hijos.


56. Manuel Lalana Vicente, nació en La Granja de Almudévar y vivía en Huesca en la Avenida de la Libertad, tenía mujer, dos hijos y 29 años.


57. Jesús Lamela Bolea, mecánico de 21 años.


58. Santiago Lanao Sanvicente domiciliado en Conde Aranda, 7 y de oficio pintor.


59. Mariano Laplaceta Carrera, nacido en Almudévar, de profesión carretero. Vivía con una hermana en la Calle Pedro IV nº 16. A él lo mataron con 25 años y a su hermana Rosario una semana después, con apenas 19.


60. Máximo Larripa Bardají había nacido en Valfarta pero pronto se viene con sus hermanos a Huesca en busca de trabajo, él lo encuentra en Tormos donde entra en contacto con los movimientos sindicales, participando en las revueltas de 1933 y 1935 lo que le lleva a la cárcel. Con otros obreros del pantano vienen en un camión a Huesca a defender la legalidad por lo que fue detenido y ejecutado con 22 años.


61. Gaspar Larroche Salillas, pintor de 24 años.


62. Manuel Lasierra, vino desde Alcalá de Gurrea para oponerse a los militares.


63. Jesús Latorre Clavería, nada sabemos de él.


Grañén

Justo antes de que milicianos republicanos llegaran a Grañén, una columna fascista enviada desde Huesca detuvo a los miembros del Comité popular. Unos cuantos murieron sobre la cuneta el mismo día, otros fueron conducidos a la cárcel. Tres serían linchados el 23 de agosto.

64. Alejandro Luzán Biarge, cartero de Grañén. Una columna mixta que salió de Huesca se lo trajo desde su pueblo con otros miembros del recién creado Comité. Estaba casado con un hijo y 32 años.


65. Juan Llidó Pitarch. Nacido en Artana (Castellón) la carrera judicial lo trajo hasta Huesca donde fue juez de instrucción. Muchas de las sentencias dictadas contra obreros anarquistas por alteraciones del orden, llevan su firma. Al final todos acabaron en el mismo lado, aunque de eso se darían cuenta demasiado tarde, en la cárcel. El Gobierno Civil lo acusó por estar a las puertas de este durante el Golpe, junto a los obreros. Se le consideró de izquierdas por los fascistas aunque sabían que no tenía ninguna militancia.

Expediente

Documentos superpuestos. Expediente que se hizo del ingreso del juez Llidó sobre el que se ha puesto un auto de procesamiento contra Francisco Ponzán, firmado por el juez

66. Francisca Mallén Pardo nacida en Loarre y residente en la Calle Quinto Sertorio, 7 donde es arrestada por auxilio a la rebelión. Tenía 23 años y sólo sabemos que una hermana –Isidra de 18 años- había sido detenida una semana antes.


67. Guillermo Marzal Gómez. Depositado en el Hospicio de Huesca desde Lascellas. Aprendió allí el oficio de hojalatero entrando en contacto con los movimientos sindicales que en el orfanato penetraron con fuerza. Muchos de estos críos – Guillermo tenía 19 años- fueron acusados de señalar algunos objetivos a la aviación republicana con fechas blancas en los tejados, otros de recoger las octavillas que lanzaban esos aviones y que conminaban a la rendición para repartirlas a la población.


68. Augusto Miñón Alonso. Nació en Bentretea (Burgos) era soltero de 37 años y vendedor. Debía estar vinculado a algún grupo de acción anarquista pues aparece encarcelado en 1934 y 1935 por lesiones, intento de homicidio y tenencia de armas.


69. Pío Monclús Lafarga de 40 años, cenetista antiguo con una primera detención en 1932. Otra con Ponzán Vidal en 1934. Todas de carácter preventivo pues queda libre al poco tiempo. Consta como oficio el de bracero.


Lugar muertes

Nuevas informaciones nos aproximan el lugar de las muertes a esta zona, ubicada detrás de San Jorge donde hoy está el Club de Tenis.

70. Concha Monrás Casas. Mujer católica y de buena familia cuyo único delito fue el de estar casada con Ramón Acín. Este, al producirse el golpe y pensando que este sería efímero, marchó a su casa con su inseparable amigo y conmilitón Arnalda, zapatero de Apiés. Ambos se escondieron en un zulo que, en vista del ruido de sables, tras la victoria electoral del Frente Popular, construyó el artista oscense a partir de un fondo de armario. Unos vecinos advirtieron su presencia en la casa denunciando el hecho a la policía. Como los agentes no pudieron encontrarlos en la casa, procedieron a torturar a Conchita para obligar a Ramón a salir. Este aguantó los gritos de su mujer para no comprometer a Arnalda que, disfrazado, abandonó Huesca en cuanto se hizo de noche, alcanzando las líneas republicanas.

El 6 de agosto son detenidos los dos, sus hijas Katia y Sol quedan al cuidado de su tío Santos Acín, hombre de derechas que las inscribirá en la Falange. Allí serán protegidas por el capellán y tío de las niñas: José Puzo Espín hombre muy respetado en la España fascista. Ramón fue baleado antes, el 11 de agosto recoge su cuerpo la Ambulancia nº 24. Concha, viuda ya, fue martirizada con 36 años.


Conchita Monrás

Montaje del expedientecarcelario de Concha Monrás Casas con la foto de ella y sus hijas antes de ser torturada y asesinada, pocos días después de su marido Ramón Acín. 


71. Santiago Muñoz Nogués. Vino de Ansó para trabajar en Huesca de tipógrafo y se afilió a la CNT llegando a ser miembro del Comité Provincial. Sufrió varias detenciones preventivas. Residía en la Plaza del Temple, 2.


72. Francisco Obis Lisa, de Estadilla, vivía con su familia en la Travesía de la Conquista, 13. Muerto con 33 años tras ser acusado por tenencia de armas.


73. Pablo Ordás Tafalla. Domiciliado en la Calle Amistad, 23. Tenía 25 años y vivía con su hermana casada y con dos hijos. Esta sufriría prisión en diciembre, saliendo de la cárcel tras estar dos días incomunicada. Este jornalero fue detenido por defender la legalidad en la calle.


74. Jesús Otal Viela, nacido en Bolea y domiciliado en San Salvador, 10. A sus 22 años era panadero y debía pertenecer a la CNT, es detenido por oponerse en la calle a los militares el 19 de julio.


Fusilamiento

Imagen de un fusilamiento (Archivo de Pedro González).



75. Jesús Pallarés Ferrer. Como el anterior detenido en las calles el mismo día. Trabajaba en Tormos como guarda de la estación depuradora, domiciliado en Doña Petronila, 24. Estaba casado y tenía 29 años.


76. José Pascual Labarta. Jornalero de Alcalá de Gurrea, llevaba varias detenciones a sus espaldas pues era un cenetista activo y es uno de los que se fugan de la cárcel el día de San Lorenzo de 1934.


77. Adolfo Pastor Santamaría. Ingeniero de Caminos, nacido en Alcoy y domiciliado en el Coso García Hernández (Bajo), 3. Tenía 36 años y estaba casado, fue detenido ya el día 20 de julio. Resulta curioso que su expediente carcelario dice que fue puesto en libertad con León Escuer Gracia del que no hay datos.


78. Antonio del Pueyo Navarro. Representante en Huesca de la Unión Republicana que presidía Martínez Barrio. Vivía en la Calle Alcoraz, 2 con su mujer e hijo, era abogado y tenía 37 años. Pertenecía a la masonería oscense, al Triángulo Joaquín Costa, del que fue secretario entre 1935-6 con el sobrenombre de Diderot. Llegó a la presidencia de la Diputación con el gobierno de Portela Valladares. Fue detenido en Panticosa donde estaba de vacaciones aquél verano de 1936. Un hermano médico llamado Eduardo fue acusado también de masón y condenado a trabajos forzados hasta el final de la guerra.


Aviones republicanos

Estos aviones republicanos fueron los primeros en ponerse en marcha sobre Huesca, desde Barcelona primero y luego desde el Campo Alas Rojas de Sariñena.



79. Francisco Puig Capdevila, natural de Zaragoza. Vivía con su mujer y dos hijos en al Calle de Fatás, 8. Trabajaba en Hacienda como oficial. En el PSOE ocupaba los cargos de tesorero de la Agrupación y de secretario general de las Juventudes Socialistas.


80. Carlos Raimúndez Marco. Este ferroviario divorciado había llegado a la estación de Ayerbe desde su León natal. Contaba 29 años.


81. Francisco Ramón Doz. Cenetista de Huerto con detenciones anteriores. Era viudo sin hijos con 58 años y jornalero.


82. Andrés Rivas Ferrer (Latorre). Su cadáver viene registrado en la Ambulancia 24 con fecha del 23. La defunción de este sastre oscense de 48 años, la da el registro Civil con fecha del 29 de agosto.


83. Saturnino Rodellar García. Miembro del Comité de Grañén donde fue detenido con el resto de componentes por una columna militar enviada desde Huesca. Era labrador y tenía 28 años.


84. Isaac Royo Alfonso. A este ingeniero turolense de 33 años le sorprendió el Golpe en el Hotel Pirineos. Por lo temprana de su detención -21 de julio- podría haber estado implicado en los sucesos callejeros de resistencia a los militares.


85. José Ruiz Galán. Inspector de Primera Enseñanza, vecino de Huesca, Plaza de Concepción Arenal, 2, 32 años, casado y natural de Aldeanueva de Ebro (Logroño). Era miembro del Triángulo Joaquín Costa con el sobrenombre de Libertad. La Ambulancia nº 24 lo registra el día de antes (22).


86. Antonio Sanagustín Sanagustín. Proviene del hospicio donde lo recogieron originario de la Puebla de Castro. Era un obrero de 39 años.


87. Jerónimo Sánchez Cama. Funcionario de Correos afiliado al PSOE. Era nacido en Estada y vivía en la Plaza de Lizana, 6 con su mujer y un hijo. 33 años.


Correos y telégrafos

Varios funcionarios de Correos y Telégrafos estaban afiliados al PSOE por lo que serían detenidos y ejecutados.



88. Jerónimo Sanz Arbona. Nacido en Francia (Vir de Bigorre) vivía en la Calle Amistad, 17. Era peón, casado con hijos y tenía 26 años.


89. Jesús Sarraseca Fau, cenetista de Gurrea que estuvo el año anterior en la cárcel, procedente de la de Segovia, donde padeció un proceso de apendicitis. Tenía 20 años.


90. Manuel Soneiro Casasnovas. Era maestro nacido en Hecho y domiciliado en la Calle Doña Petronila, 7. Soltero y de 24 años.


91. José María Teller Torres (Escartín). Cenetista de Ayerbe.


92. Fidel Torres Escartín. Hermano del conocido anarquista Rafael, acusado del asesinato del obispo zaragozano Soldevilla por lo que sufrió prisión y continuas torturas que le llevaron a la locura y la muerte.


93. Ramón Val Bernal. Como otros dos citados, miembro del Comité de Grañén. Tenía 24 años, era labrador y los cogieron el día 23 de julio, un día antes de que la Columna Carlos Marx llegara a Grañén, lo que les habría evitado el linchamiento.


94. Baltasar Villacampa Oliván. Natural de Nocito y domiciliado en la Travesía del Lirio, 8, donde vivía con su mujer y sus dos hijos. Era agente de seguros y tenía 33 años.


95. Lázaro Viñau Aranda. Jornalero cenetista de Gurrea con una detención preventiva en 1932. El 19 de julio lo detienen en la calle con unos 40 años.


96. Saturnino Virto Anguiano. Este industrial nacido en San Pedro Manrique (Soria), tenía su domicilio en el Coso de Galán (Alto), 86. Tenía 41 años y era industrial.


Como se verá el número exacto es difícil pero oscila entre los 95 y los 100. Aparece también en el Registro Civil con esa fecha de muerte (23-VIII-36) Ángel Alonso Prieto pero no figura en el libro de la Ambulancia nº 24 y en la ficha carcelaria aparece como puesto en libertad en octubre, con Bailo Sarvisé y Aguarta Ara.


Bomba casa Galindo

La bomba más sonada que cayó en Huesca fue la que destruyó casa Galindo, entre la Calle San Orencio y la Travesía de Valdés (Foto Archivo DPH).

Un ataque aéreo con dos víctimas en una ciudad desprotegida y donde no se permitía salir a la población, sólo los hijos de las familias pudientes podían hacerlo en las épocas de mayor agobio bélico, provocaron una masacre mayor en número que todas las víctimas juntas de la aviación republicana en Huesca y que, según las fuentes fascistas, fueron 83 muertos.


Los primeros aviones republicanos que actuaron en Huesca no estaban preparados para la guerra, no eran maquinas de destrucción sino aparatos militares de reconocimiento o civiles adaptados mediante añadidos. La primera aeronave que llegó a este Frente para apoyar la toma de Siétamo fue un hidroavión que tuvo que hacer escala en Barasona para suministrarse y luego lanzar unas bombas manualmente. Cuando la aviación republicana se sovietiza y consigue aparatos de guerra, los nacionales cuentan con la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana que logran la supremacía en el cielo. La Cóndor estuvo en Huesca donde instaló varios antiaéreos en azoteas estratégicas; su cuartel se ubicó en la Plaza de Santa Clara, en el Corral de Pepetes –de Fau el aceitero.

Restos de un caza

Restos de un caza trimotor –Nieuport 52- republicano pilotado por el alférez Cabré. Fue el primer derribo de un avión en el Frente de Huesca. Para animar a la guarnición –casi toda la ciudad lo era- sus despojos fueron paseados por las calles. (Fotos de Oltra y Plana en el Archivo DPH).



Para ver la enorme diferencia entre unos bombardeos y otros basta con poner sendos ejemplos aragoneses: los rojos bombardean Huesca, una ciudad de 15.000 habitantes, 137 días produciendo en total 83 muertos. Los italianos en un solo bombardeo sobre Alcañiz, con 6.580 habitantes en ese momento, causan 76 muertos. Los bombardeos republicanos fueron manipulados y magnificados hasta el punto de atribuirles sucesos que eran bien conocidos, como el de la destrucción del chapitel de la catedral. Este se quemó por un cohete lanzado para celebrar la toma fascista de Santander, pero luego la torre desmochada aparece en las fotografías como obra de las hordas rojas, véase la portada del folleto que publica el Ayuntamiento con motivo del fin del Asedio de Huesca o la Causa General, legajo 1408, en el apartado XII (Principales atentados contra las obras de arte y elementos de cultura), en la que se atribuye a los bombardeos marxistas la desaparición del remate de la torre, construido con ladrillo en los siglos XVII y XVIII sobre la primitiva torre gótica.


A pesar de la ineficacia de la aviación republicana, que asustó los primeros días al obispo huido a Zaragoza con la triquiñuela de que la parroquia de Santa Engracia era de su diócesis y que obligó al mando militar a adoptar medidas contra aquellos que abandonaran la ciudad sin permiso, la no evacuación resulta insidiosa y sólo responde a la necesidad de implicar a la población civil en la defensa de una plaza que quedó a su suerte pues la ayuda en los difíciles días resultó muy escasa: pequeños contingentes desde Navarra, La Rioja o Galicia, todos ellos voluntarios con exigua preparación y refuerzos puntuales de la guarnición de Jaca. Quizá lo más eficaz para los sublevados fue contar con los ingenieros militares Adrados y Andériz, expertos en fortificaciones, las mehalas moras encuadradas en la Bandera Móvil y sobre todo los propios oscenses, inducidos por el miedo de los paseos y los linchamientos selectivos a participar en la contienda, de forma tímida al principio y total a partir de la caída de Estrecho Quinto.

Misa Negra

Esta imagen del convento de Santa Teresa parece una misa negra, allí se concitan la bandera fascista española, la falangista, la carlista, la italiana, la cruz gamada y la musulmana marroquí con una imagen mariana. (Foto Plana, archivo DPH).



La mayoría de los habitantes masculinos quedaron militarizados. A los jóvenes entre 16 y 18 años se les obligó, de diversas formas, a inscribirse como voluntarios en las milicias falangistas o de Santiago. Los que estaban en edad militar fueron al Ejército. Los mayores o mozos con alguna tara física formaron Acción Ciudadana, una milicia que se ocupaba de labores de vigilancia en las inmediaciones de la ciudad y de relevo nocturno de las tropas de primera línea, para que los escasos soldados pudieran descansar y estar frescos para el combate; tenían su cuartel en la Escuela de Magisterio (La Normal). Los niños entre los 10 y 16 años recibían instrucción diariamente en el Parque y formaban una especie de policía que patrullaba la ciudad, así la Guardia de Asalto y la Guardia Civil podían estar en las primeras líneas.


El goteo de ejecuciones siguió inexorable hasta 1945, cuando el Eje fascista pierde la Guerra Mundial y Franco decide pasar desapercibido, no provocar, aunque tampoco le quedaba demasiado por matar. Hasta el último fusilamiento hubo muchos días de tristeza, sobre todo en los pueblos próximos. El mando militar resolvió crear un campo de concentración en Ayerbe, a cargo del jefe local de Falange, pero la avalancha de detenidos fue tal que no se les ocurrió otra cosa que cargarlos en el camión de la Electra. Luego, cada tres o cuatro kilómetros, los bajaban en las cunetas de la carretera de Jaca y aledaños, les descerrajaban un tiro y los dejaban para que los paisanos más cercanos se encargaran de enterrarlos.

Niños militarizados

Los niños, con su uniforme fascista, aprendían diariamente instrucción militar y el manejo de las armas en el Parque, participando en labores policiales, desfiles y actos de exaltación patriótica. (Foto Oltra. Archivo DPH).



Reconocimientos:

Por último quiero dar las gracias a José Santamaría por compartir su dolor, a Pedro Moliner por enseñarme el valor de un archivo fotográfico bien trabajado, a José Sanz por las facilidades y la amistad mostrada en los archivos de la cárcel, a María Cruz Gil que me contó cosas que no están en los libros, a Juan Maynar por una mañana cargada de historias, a todos los informantes que no quieren aflorar con sus nombres y a Victor López por lo que él ya sabe.

NOTAS: (si pincha en ellas vuelve al origen de la nota)

1 Diario La Tierra, Huesca, 5-II-1936.

2 Diario de Huesca del 18 de febrero de 1936.

3 Su fidelidad sería recompensada con el nombramiento de secretario del Gobierno Civil, el 19 de julio.

4 Desconocemos el suceso en toda su magnitud. Por un lado hay un sargento de los Guardias de Asalto -militante o simpatizante de Falange- que es trasladado por su implicación en los sucesos y que luego volverá a Huesca para neutralizar al teniente Riera. Por otro, este mismo general Gámir se significó en Valencia a favor de la República durante el golpe.

5 Historial del cerco… Op. Cit.

6 Ídem

7 Archvio de la Cárcel de Zuera (a partir de ahora ACZ).

8 Diario de Huesca. 17-4-36

9 Historial del cerco… Op. Cit.

10 B. Fernández Aldana, La Guerra en Aragón. Cómo fue… Ediciones Cómo fue, Barcelona, sin fecha (1937-1938).

11 Organización Republicana Gallega Autónoma dirigida por Casares Quiroga cuyas actuaciones en la Sublevación de Jaca y en este alazamiento dejaron mucho que desear.

12 Alejandro R. Díez Torre, Orígenes del cambio regional y turno del Pueblo. Aragón 1900-1938, 2 Vólumenes, UNED y Prensas universitarias de Zaragoza, Madrid, 2003.

13 Emilio Majuelo Gil, Huesca y Jaca en la noche del 19 de julio de 1936, Actas del II Congreso de Historia Local de Aragón, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 2001. Este trabajo es una buena referencia para conocer bastantes entresijos del golpe en Huesca.

14 José Carlos Castán Ara, El frente de Serrablo (1936-1938), Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 1996. Aportaciones muy interesantes en esta obra. Pág. 26

15 Gumersindo de Estella, Fusilados en Zaragoza, 1936-1939. Tres años de asistencia espiritual a los reos, Mira Editores, Zaragoza, 2003. pp. 113 a 117

16 Expediente carcelario en ACZ (Archivo de la cárcel de Zuera), sección de Zaragoza.

17 Pilar Ponzán Vidal, Lucha y muerte por la libertad 1936-1945. Francisco Pozán Vidal y la Red de evasión Pat O’Leary 1940-1944, Tot Editorial S. A. Barcelona, 1996

18 J. Carlos Castán… Op cit, pág. 34

19 Historial del cerco sufrido durante el glorioso alzamiento nacional por la dos veces Heroica, Leal e Invicta Ciudad de Huesca. Regimiento de Infantería Valladolid nº 20, Huesca, manuscrito inédito. Pág. 1

20 Pilar Ponzán Vidal, Lucha y muerte por la libertad 1936-1945. Francisco Ponzán Vidal y la Red de evasión Pat O’Leary 1940-1944, Tot Editorial S. A. Barcelona, 1996. Pág 21.

21 Ídem.

22 Otros 170 quedaron encerrados en una nave del cuartel por ser sospechosos de militancia obrera. Cuando llegó la hora de ir a las trincheras muchos soldados se pasaron a la Republica en grupos, hasta que se produjo el traslado a otros frentes.

23 En las fichas del ACZ, puede verse como durante todo 1936 y parte de 1937, a los presos no se les aplica ningún tipo de pena, todos acaban puestos en libertad, aunque luego su muerte es certificada en el registro civil.

24 Posiblemente en las tapias o inmediaciones del Campo España destruido durante la Guerra, en cuya entrada estaban las efigies de dos futbolistas diseñadas por Ramón Acín.

25 Emilio Majuelo Gil, Huesca y Jaca en la noche del 19 de julio de 1936, Actas del II Congreso de Historia Local de Aragón, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 2001.

26 José Antonio Ferrer, La masonería en Aragón, 3 volúmenes, Librería General, Zaragoza, 1979.





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